Las veces que me he sorprendido escribiendo en una noche donde todo es calma y sosiego, donde veo a mi padre fumar y ser silencio, donde mi sueño se esconde de mis deseos. Escucho el piano de una batalla ganada y me impresionan las estrellas que caen sobre mi colcha, las que arropan el miedo a perderle y me dan fuerza para vencer al monstruo que bajo mi cama duerme. Sonrío porque recuerdo un olvido que no tuve al mirar la foto prohibida de una muerte anunciada; descansa sobre otra reciente y la bola de nieve que no funciona porque nadie mueve. En mi colección de hadas y duendes el unicornio resopla esperando que apague la luz para desplegar sus alas y vigilar mis sueños desde la altura más arriesgada que es la medida de mi brazo cuando buscan en la oscuridad sus ojos verdes...
Selenia
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