Pasé mil horas escribiendo, he vencido al desengaño, en mi rincón donde no muere el alba porque no llega la mañana a mi despertar temprano. Qué demencia la que trazaba mi camino cuando con cada golpe se me iba la vida que no sostenía mi azul mirada, encharcada en lágrimas, suplicando que parara y no cesaban las caidas de mano ni el cinturón que su ropa sostenía. Tan duras sus manos como fuertes sus caricias, dos besos al año y una sonrisa fingida...
Selenia
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada