Ahí fuera, mira, sigue cayendo el agua. Creo que sacaré mi foulard gigante del armario, me haré algo caliente y escucharé llover mientras leo, mientras devoro página tras página de todo lo que me hace perderme entre letras y líneas descoloridas, de hojas amarillentas porque este libro tiene vida, historia que contar incluso en sus tapas. Suenan las gotas de lluvia en los cristales, y pienso. Olvido el libro por unos momentos y observo sus formas, como resbalan formando surcos de agua indefinidos como un camino que seguir, sin saber donde acaba, por qué ahora tuerce a la derecha y de pronto vuelve a su cauce... Me siento nadar dentro de esa pequeña cascada, me hundo, buceo entre el agua y el cristal. Sensación extraña pero agradable. Quiero salir y volver a mi vida, necesito escribir, necesito sacar todo esto y que mis dedos no paren de escribir. Y que luego no dejen de amarle, de acariciar su piel. Son mis dedos los que penetran entre su pelo, son los que rozan sus labios y los que se pierden entre su pecho. Sigue lloviendo, si, un trueno me ha despertado. Claro, estaba soñando, pero he despertado entre sus brazos.
Selenia
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